viernes, 22 de junio de 2012

Lenin, Trotsky, los Moyano y "cuanto peor, mejor"

Si no fuera que lo que comenzó el miércoles 20 (y, seguramente continuará hasta por lo menos el miércoles próximo), sucede en serio, uno podría tomárselo en broma, y pensar que Moyano y su hijo estuvieron leyendo por la tarde algo parecido a lo que sigue a continuación:

A principios de siglo XX… la autocracia de los zares se había convertido en un lastre para el desarrollo de Rusia y los acontecimientos de todo orden (guerras en el exterior, crisis económicas, cambios sociales profundos) no hacían más que reforzar a los grupos de oposición antizarista.
En 1905, la protesta de obreros y campesinos que reclamaban al zar mejoras laborales es reprimida ferozmente en la jornada conocida como el Domingo Sangriento. … Durante el periodo de 1905 a 1917, el descontento de la sociedad lleva al zarismo al colapso…. los campesinos se rebelan, las ciudades padecen por la falta de suministros, las huelgas se extienden por doquier …
El 23 de febrero de 1917 (7 de marzo, según el calendario gregoriano), grupos populares salen a la calle en Petrogrado pidiendo pan y el fin inmediato de la guerra. La huelga general, el amotinamiento de la guarnición de la ciudad, la organización generalizada de soviets –asambleas de obreros y soldados, a los que se suman los campesinos- fuerzan el establecimiento de un gobierno provisional, integrado por diputados de la Duma, que convoca una Asamblea constituyente y promete reformas. Sin embargo, el poder paralelo de los soviets, en cuyo seno comienzan a despuntar los bolcheviques, que quieren acelerar los cambios, es creciente. En abril, Lenin regresa de su exilio y se adopta la consigna de “todo el poder para los soviets”.
El 3 de julio se inicia es San Petersburgo una insurrección popular que canaliza las constantes protestas …. Kerenski, moderado, nombrado primer ministro del gobierno provisional, no puede controlar el desorden. Sin embargo…, Kerenski se ha visto obligado a convocar a todas las fuerzas, incluidos los bolcheviques …
El 9 de octubre Lenin regresa para preparar la insurrección definitiva ante el debilitamiento del gobierno provisional. El 15 se crea en el Soviet de San Petersburgo un comité militar revolucionario dirigido por Trotsky. El 25, fuerzas bolcheviques ocupan, sin derramamiento de sangre, los puntos estratégicos de la ciudad. El acorazado Aurora apunta al Palacio de Invierno, donde se reúne el gobierno de Kerenski, que es finalmente detenido.
Un nuevo gobierno, presidido por Lenin, se constituye el 26 de octubre integrado sólo por bolcheviques, Trotsky uno de ellos. Este gobierno boicotea la celebración de la Asamblea constituyente y logra mantener el poder en manos de los revolucionarios. Inmediatamente se esbozan una serie de decretos que dan satisfacción a soldados, campesinos y obreros, …[1]

Los Moyano se entusiasmaron, Hugo fue a lo de Bonelli, Pablo a Laferrere con sus muchachos del Ejército Rojo haciendo retroceder a los solados del Zar, y pusieron en marcha la toma del Palacio de Invierno para derrocar al zarismo con la ayuda de Michelli, Barrionuevo, los soviets de campesinos, la convocatoria a la asamblea para el miércoles por parte de Pinedo, Bullrich y otros miembros de la Duma al servicio de Kerenski que, como se comprobó al final, se probaba un traje que le quedaba grande. Si uno lo mira de este modo, da un poco de risa. Pero si lo proyecta hacia atrás y recuerda los resultados de tensar la cuerda todo lo que se pueda bajo la consigna “cuanto peor, mejor”, propia de otros tiempos oscuros, como diría Homero Expósito,  “dan ganas de balearse en un rincón”.
No me extraña ni el oportunismo de la derecha, ni la miopía interesada de la CTA, ni nada de lo que hace la paupérrima dirigencia política, gremial, corporativa (y ni qué decir, mediática) con la que cuenta hoy nuestro país. Pero de verdad lamento que los pocos lúcidos por formación y más o menos creíbles por historia y trayectoria se plieguen a este lamentable bochorno, olvidando quiénes terminan siendo los perjudicados del derrumbe y los beneficiarios de la demolición. Como dije en alguna otra oportunidad, a ellos siempre les queda tiempo para arrepentirse una o dos décadas después, decir una y otra vez que “no podemos volver a repetir los errores del pasado”, etc., etc., etc., hasta que una nueva coyuntura les hace perder de vista el horizonte y vuelven, otra vez, a cometer los mismos errores.


[1] Fragmento extraído de: DOSSIER DE PRENSA LEÓN TROTSKY, Historia de la Revolución Rusa, Veintisiete Letras, Madrid, octubre 2007

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