Antes de empezar por cualquier otra cosa y para aventar cualquier sospecha, aclaro que voté a Kirchner (o al Kirchnerismo) desde 2003 en adelante, siempre. Y votaré a Cristina, si decide presentarse, en 2011. Y defenderé las políticas de este gobierno con los modestos recursos que dispongo, ante cualquier intento de agravio o descalificación que lo afecte.
Mi reflexión vine a propósito de lo mucho y variado que se ha escrito durante estos últimos dos días, a propósito de la muerte de Néstor. Quiero detenerme en un punto casi marginal y periférico de todos los que rodearon el velatorio. Más precisamente, en la interpretación que de la conducta de los opositores ante esa ceremonia hicieron los periodistas que están del lado, justamente, de este modelo.
Leí, por ejemplo, las notas de José Pablo Feinmann, Eduardo Aliverti, Horacio Vervitsky y otros y, por supuesto estoy de acuerdo con la mayoría de las cosas que dicen. Sin embargo, cuando se refieren a la forma en que se comportaron los políticos de la oposición ante la circunstancia de tener que ir al velatorio y qué hacer ahí o qué decir cuando se les pide una reflexión sobre Kirchner, la mayoría de los periodistas afines o directamente comprometidos con el gobierno se enojaron por lo que hicieron o dijeron tipos como Cobos, Solanas y otros que, en vida de Néstor o lo traicionaron o lo agraviaron, calumniaron y descalificaron a más no poder.
Tengo un desprecio viceral por Cobos, no mucho menos por Felipe Solá y estoy muy enojado con Solanas, la CTA “más combativa” y otros peronistas, pseudoperonistas o militantes de izquierda que quisieron crecer a expensas de la destrucción de Kirchner y todo lo bueno que su gobierno y el de Cristina representó y representa para el mejoramiento de las expectativas populares. Es bien propio de la mediocridad: como no pueden hacer algo ni siquiera igual (por no decir superador) entonces enlodan lo que ellos o no se animaron a hacer cuando tuvieron la posibilidad, o no podrán hacerlo nunca porque la gente no los registra en la medida que se necesita para tener alguna chance de ejercer el poder. Sobre la derecha explícita no hace falta que diga nada al respecto.
Pero cuando leía las columnas de estos periodistas a los que mencioné (a Horacio, quiero aclarar, le tengo una admiración especial) desde mi modesto y a lo mejor ingenuo lugar de ciudadano común, me preguntaba qué esperaban que hicieran esas personas y otras, en un momento tan embromado como es un velorio.
Está bien: Cobos podría no haber dicho que “Kirchner fue un gran presidente”. ¿Pero, en este paréntesis que es el velorio de Néstor ¿qué importan las formas que adopta Cobos y, de él para atrás cada uno de los políticos de la oposición que se acercaron a dar sus condolencias?
No soy un tipo muy experimentado en velorios, pero no sé de muchos en que la gente se acerque para putear al muerto o hacerle pasar un mal momento a sus deudos. Se dice lo que se dice, si se es una persona de bien, se lamenta la muerte de quien sea por más adversario que haya sido, y listo. Es una cuestión menor. Es más: no se me ocurre qué otra cosa se podría haber dicho o hecho como no sea hacer o decir algo “políticamente correcto” para esa ocasión.
En general a los comportamientos como los que exhibieron los opositores se los califica de hipócritas. Sin embargo, el sociólogo Jon Elster sostiene que la hipocresía es uno de los aglutinantes sociales (uno de los “cementos” de la sociedad) que sirven para que la comunicación (por lo menos entre adversarios o entre gente que no se simpatiza mutuamente) pueda seguir fluyendo. Si se quiere, la hipocresía puede verse como la “virtud” que marca el piso de las relaciones sociales civilizadas entre gente que, cuando se encuentra, no se siente demasiado cómoda. Por debajo de ese piso ya hay que esperar la agresión, el insulto o cualquier otra forma de violencia simbólica.
El problema con toda esa gente de la oposición y con los intereses que defienden y representan empezará el lunes (nada más que por poner un momento que sea el inicio de algo). Por lo tanto, y en el caso de Cobos, su problema no es la hipocresía puesta de manifiesto en ocasión de la muerte del ex presidente sino su condición de traidor lisa y llana.
Por supuesto, no hace falta que yo les aclare nada a Eduardo, a José Pablo o a Horacio porque no estoy a la altura de ellos y porque, a lo mejor, al escribir lo que escriben incluso sobre un asunto tan poco significativo como éste, lo hacen por una razón militante que los justifica plenamente, y mi reflexión no es nada más que la de la persona común que en un velorio “no quiere problemas”, si sobre todo, es el velorio de alguien como Néstor y entre sus deudos está Cristina.
Para terminar, me viene a cuento la sabiduría de Pepe Mujica que, cuando le objetaron su aprobación para que Néstor fuera el secretario general de la Unasur antes de que los asambleístas levantaran el bloqueo, el presidente uruguayo les respondió a quienes lo cuestionaban: “¿qué quieren, que les declare la guerra?”
No hay comentarios:
Publicar un comentario